lunes, 14 de enero de 2008

- POR SIEMPRE TATO -




Tato Bores


El 11 de enero de 1996, a los 68 años, fallecia Tato Bores. Mauricio Borezstein ante todo fue un actor, socio activo de la Asociación Argentina de Actores número 2.855.

Un actor cómico. Ser clarinetista había sido su primer deseo, aunque se convirtió en el amplificador del pensamiento de gran parte los argentinos. No se sabe si le contó un “buen” chiste a el por entonces consagrado actor José Ángel “Pepe” Iglesias cuando se lo cruzó mientras acarreaba los bártulos de una orquesta de Buenos Aires. Lo cierto es que pegó el salto al escenario, después de haberlo contemplado incluso abriendo puertas en la entrada del Teatro Cervantes.





Pasó por radios y algunos teatros hasta llegar a la televisión. Iglesias y Julio Porter le sugirieron el nombre de su personaje: Tato Bores. El debut fue en el Canal 7, dentro del programa “Caras y morisquetas” en 1957. Su momento se llamaba “Tato y sus monólogos”, y se dedicaba a hablar de, sobre y contra los poderosos de turno.
Hacía poco tiempo que había caído el segundo gobierno de Juan Domingo Perón, y la dictadura que lo había derrocado prohibía decir su nombre. Ideal: “Juan Domingo Cuco” o “Juan Domingo Drácula” eran sus salidas. “El que sabe sabe, y el que no es jefe”, remató por aquellos días en referencia nada menos que a Isaac Rojas y Pedro Eugenio Aramburu, el sector más duro del gobierno de facto.

"Soy un tipo sin currículum”, decía. Estuvo más de treinta años en la pantalla chica con su personaje. Muchísimos programas y en casi todos resaltaba el nombre de Tato (ver aparte). Aunque muchos se acuerdan de cuando empezó a comer fideos con sus encumbrados invitados, el plato especial que la gente dice no olvidar son sus monólogos.

En el programa “Tato, siempre en domingo” (1961-1963), bajo la presidencia de Arturo Fondizi, Bores explicó: “Cuando veo a un presidente como Arturo Frondizi pienso que los presidentes no andan porque nunca nadie les enseñó cómo debían actuar. Si una mujer quiere aprender a cocinar o a coser, va a una academia y chau. Pero academias de presidentes no hay”.





“Por siempre Tato” (1971-1972) fue la emisión en la que interpretó el monólogo referido a la vuelta de Juan Domingo Perón, tras 18 años de proscripción. Un pasaje: “Salí rumbo a Ezeiza, apretando mis pasajes en la mano. Era el mediodía y ya había como 2.000 personas esperándonos. En cuanto me vio Cámpora, se me echó en los brazos y lloró. ‘Tato, la emoción me embarga. Después de 18 años el General vuelve...’ Las lágrimas del tío Héctor J. tenían un cierto aroma a tomillo”.

Vamos a mayo de 1991, “Tato, la leyenda continúa”. Imperdible monólogo sobre las privatizaciones: “Eso es cierto, antes el Estado, cuando manejaba estas empresas, le sacaba guita al usuario para dársela a las empresas privadas que le vendían cosas al Estado. En cambio, ahora, estas empresas privadas le sacan directamente la guita a la gente, sin tener que pasar por el Estado. O sea que se eliminaron intermediarios. ¿Verdad?”






Agosto de 1992. Cerca de alejarse de la televisión, se refirió a los temas importantes que se trataban en el auge de la presidencia de Carlos Saúl Menem:
“ (...) Me encuentro con mi gran amigo el filósofo oficial del Gobierno, José Empédocles. ‘Tato –me dice-. No es que nosotros estemos en contra del periodismo, pero el periodismo está idiotizando a la gente. De lo único que hablan es de la cotidianeidad. Usted abre un diario y ahí están: el Yomagate, Al Kassar, la contaminación, la corrupción, el cólera, los propóleos. Al final la pequeña cosa cotidiana enmascara los grandes problemas estructurales del país, tales como si estamos o no en el fin de la historia’”

El trato de Bores con los políticos siempre fue cordial. Varela, que trabajó con él desde 1987 y le escribió más de 100 libretos, sostiene que los políticos tenían que estar en lo de Tato por una cuestión de imagen. Y además destaca que la relación con muchos hombres del poder se favorecía por el compromiso que Tato tenía con las emisiones: “La producción era directa de él; él los llamaba y eso generaba confianza y respeto. Pero nadie le pedía nada, él era un señor”.





Más de una vez, sin embargo, tropezó con ímpetus censores de sus programas. Aunque alguna vez dijo que con los que menos inconvenientes trabajó fue con la “Revolución Libertadora” (autodenominación del golpe militar que derrocó a Perón en 1955), con Arturo Illia y con Agustín Lanusse, reconoce que en esas épocas nunca un programa salía al aire sin que los libretos hubiesen sido leídos por autoridades del canal.





En cambio, durante el último gobierno de facto, en un programa especial que realizó en 1978, fue prohibido y por lo tanto nunca transmitido el bloque “Hola Señor Presidente”, en el que Tato Bores simulaba hablar por un teléfono gigante con el titular de la Casa de Gobierno, en aquellos días el dictador Jorge Rafael Videla.

Una parte del programa que sería emitido el 17 de mayo de 1992 no fue publicada por censura previa. La jueza María Romilda Servini de Cubría había presentado una demanda contra la emisión en la que el arqueólogo Helmut Strasse (otro personaje de Borezstein) se preguntaba en el año 2492 sobre los rastros de Argentina, un país desaparecido 500 años antes. Mientras se mostraba un escudo con la imagen de Servini de Cubría, el locutor Ernesto Fritz decía: “¿Mito, leyenda o realidad?”. Luego Strasse infirió el valor del dinero en Argentina: concluyó que 60 pesos habrían sido una fortuna, pues ésa había sido la sanción que la jueza había recibido de la Corte Suprema por mal desempeño en el caso Yomagate.

No sólo la Justicia rechazó el pedido de la funcionaria, sino que una multitud de estrellas del espectáculo argentino, se congregaron en el programa de Tato y cantaron “La jueza Barú Budú Budía es lo más grande que hay”, en uno de los episodios más conocidos de la televisión local.

Texto: www.segundoenfoque.com.ar.

domingo, 13 de enero de 2008

- DON ATA -




Atahualpa Yupanqui


Atahualpa Yupanqui, seudónimo de Héctor Roberto Chavero, nacido en Pergamino, provincia de Buenos Aires, un 31 de enero de 1908.
Flleció en París, Francia un 23 de mayo de 1992.

Fue cantautor, guitarrista y escritor argentino. Se le considera como referente de nuestra cultura. Sus composiciones han sido cantadas por reconocidos intérpretes, como Mercedes Sosa, Los Chalchaleros, Horacio Guarany, Jorge Cafrune, Alfredo Zitarrosa, José Larralde, Ángel Parra y Marie Laforêt, entre muchos otros, y siguen formando parte del repertorio de innumerables artistas, en Argentina y en distintas partes del mundo.





Héctor Roberto Chavero Aramburo nació en la provincia de Buenos Aires, un día lluvioso de enero de 1908, en el paraje conocido como Campo de la Cruz, y fue registrado en Pergamino, ciudad distante a 30 km de allí, 88 km al norte de Junín y 224 km al noroeste de la ciudad de Buenos Aires. Su padre era originario de la provincia de Santiago del Estero (Loreto), situada unos 800 km al norte, y tenía sangre quechua. Su madre era vasca.

Los primeros años de su infancia los pasó en Roca, pueblo de su provincia natal, donde su padre trabajaba en el ferrocarril.

Allí sus días transcurren entre los asombros y revelaciones que le brinda la vida rural y el maravilloso descubrimiento del mundo de la música, al que se acerca a través del canto de los paisanos y el sonido de sus guitarras: "(...) mientras a lo largo de los campos se extendía la sombra del crepúsculo, las guitarras de la pampa comenzaban su antigua brujería, tejiendo una red de emociones y recuerdos con asuntos inolvidables.





Eran estilos de serenos compases, de un claro y nostálgico discurso, en el que cabían todas las palabras que inspirara la llanura infinita, su trebolar, su monte, el solitario ombú, el galope de los potros, las cosas del amor ausente. Eran milongas pausadas, en el tono de do mayor o mi menor, modos utilizados por los paisanos para decir las cosas objetivas, para narrar con tono lírico los sucesos de la pampa.

El canto era la única voz en la penumbra (...) Así, en infinitas tardes, fui penetrando en el canto de la llanura, gracias a esos paisanos. Ellos fueron mis maestros. Ellos, y luego multitud de paisanos que la vida me fue arrimando con el tiempo. Cada cual tenía 'su' estilo. Cada cual expresaba, tocando o cantando, los asuntos que la pampa le dictaba" ("El canto del viento", I).

Y la guitarra será un amor constante a lo largo de toda su vida. Luego de un breve y fracasado intento con el violín, comienza a tomar clases de guitarra con el maestro Bautista Almirón, y allí queda marcado a fuego su destino y su vocación. Descubre, además, la existencia de un vasto repertorio que excedía los temas gauchescos.




"Muchas mañanas, la guitarra de Bautista Almirón llenaba la casa y los rosales del patio con los preludios de Fernando Sor, de Costes, con las acuarelas prodigiosas de Albeniz, Granados, con Tárrega, maestro de maestros, con las transcripciones de Pujol, con Schubert, Liszt, Beethoven, Bach, Schumann. Toda la literatura guitarrística pasaba por la oscura guitarra del maestro Almirón, como derramando bendiciones sobre el mundo nuevo de un muchacho del campo, que penetraba en un continente encantado, sintiendo que esa música, en su corazón, se tornaba tan sagrada que igualaba en virtud al cantar solitario de los gauchos" ("El canto del viento", II).

Sus estudios no pudieron ser constantes ni completos, por diversos motivos: falta de dinero, estudios de otra índole, traslados familiares o giras de concierto del maestro Almirón, pero como él mismo señala estaba el signo impreso en su alma, y ya no habría otro mundo que ése: ¡La Guitarra! "La guitarra con toda su luz, con todas las penas y los caminos, y las dudas. ¡La guitarra con su llanto y su aurora, hermana de mi sangre y mi desvelo, para siempre!" ("El canto del viento", II).

Desde que empezó a dar a conocer sus poemas firmaba con el seudónimo de Atahualpa Yupanqui. La etimología de este nombre la dio él mismo: "Viene de lejanas tierras para contar algo" (Ata: viene; Ku: de lejos; Alpa: tierra; Yupanqui: narrarás, haz de contar).

Se cuenta que sus manos fueron gravemente dañadas a culatazos por un grupo militar de extrema derecha. Las Coplas del payador perseguido, serían, al parecer, una respuesta a dicha agresión: "y aunque me quiten la vida/ o engrillen mi libertad/ y aunque chamusquen quizá/ mi guitarra en los fogones/ han de vivir mis canciones en l'alma de los demás". Esta canción estuvo prohibida en algunos países, como, por ejemplo, en la España franquista. Atahualpa Yupanqui estuvo exiliado en París (Francia), ciudad en la que murió.





De las aproximadamente 350 canciones de su autoría registradas oficialmente, pueden citarse: La alabanza, La añera, El arriero, Basta ya, Cachilo dormido, Camino del indio, Coplas del payador perseguido, Los ejes de mi carreta, Los hermanos, Indiecito dormido, Le tengo rabia al silencio, Luna tucumana, Milonga del solitario, Piedra y camino, El poeta, Las preguntitas, Sin caballo y en Montiel, Tú que puedes, vuélvete, Viene clareando y Zamba del grillo entre muchas otras.


Libros Piedra sola (1939)
Aires (1943)
Cerro Bayo (1953)
Guitarra (1960)
El canto del viento (1965)
El payador perseguido (1972)
Confesiones de un payador (1984)
La palabra sagrada (1989)
La Capataza (1992)
La canción triste
Coplas del payador perseguido (Rama Lama Music España, 2007)

sábado, 12 de enero de 2008

- SIMONE -




Los 100 años de Beauvoir


París prepara diversos homenajes para la autora de "El segundo sexo" cuando se cumplen cien años de su nacimiento


Un coloquio internacional, el estreno de varios documentales, nuevas biografías y reediciones diversas celebran este mes de enero el centenario del nacimiento Simone de Beauvoir, la admirada y denostada autora del ´Segundo sexo´, atípica compañera del filósofo Jean-Paul Sarte.

Los especialistas de su obra y de su persona se darán cita en París a partir del día 9, justo cien años después del nacimiento de Simone Lucie-Ernestine-Marie-Bertrand de Beauvoir, icono todavía vigente del feminismo mundial para algunas mujeres y pensadores, figura, también, ampliamente criticada.





Organizado por la psicoanalista y escritora Julia Kristeva en la Universidad París-Diderot, el coloquio reunirá durante tres jornadas de trabajo a intelectuales y biógrafos de diferentes países, entre ellos Claude Lanzmann, Danièle Sallenave, Deirdre Bari y Hazel Rowely.

No está, pues, todo dicho ni descubierto sobre esta intelectual que marcó la vida de miles de mujeres en todo el mundo al defender desde mediados del siglo XX que "no se nace mujer, sino que una se vuelve", porque "el conjunto de la civilización" elabora ese producto "intermediario entre el macho y el castrado que calificamos de femenino".





Adorada y denostada

Fue también la "dama de hierro sartrienne", como le llaman algunos detractores, quien defendió el trabajo como la "única manera que garantiza a la mujer una libertad concreta", pues gracias a él la mujer puede franquear "en gran parte la distancia que le separa del hombre".

Momentos de lucidez como los revelados en estos y otros escritos suyos contrastan, sin embargo, con algunos episodios de su vida y con el contenido de una obra epistolar -su obra maestra, según su colega Philippe Sollers- reveladores de una increíble capacidad de sumisión.





Si intelectuales, realizadores y escritores se volcaron en el recordatorio del nacimiento de esta polémica figura nacional, la prensa tampoco dejó pasar el aniversario, para evocar sus actividades y escritos desde el mejor ángulo, como el diario ´Liberation´, o de manera rotundamente crítica, como el semanario ´Le Nouvel Observatoire´.

Ambos medios la muestran sin su eterno turbante, el rotativo con a una fotografía de la célebre feminista bisexual tomada en 1947; el semanario con su última portada ilustrada con su cuerpo desnudo, de espaldas, en casa de un amigo de su amante estadounidense Nelson Algren, captado a principios de la década de los años 50, en Chicago (EEUU), por el fotógrafo Art Shay.

Detrás de esta imagen poco conocida, ´Le Nouvel Observatoire´ desmitifica la figura de Simone de Beauvoir y entre otros aspectos de su existencia poco atractivos recalca el nulo compromiso tanto suyo como de Sartre en favor de la Resistencia contra la ocupación alemana.





"El Frente Popular, la Guerra de España" tampoco les interesan, "su gran asunto es la filosofía y la escritura, y ellos mismos, por supuesto", insiste el semanario, que recuerda la inactividad resistente de la pareja, considerada, sin embargo, durante décadas, como símbolo de la lucha por la libertad en todo el mundo.

Tampoco se salva en este centenario la memoria de Simone de Beauvoir de que se recuerde la extrema gelidez con la que empezó a defender ya en la década de los 60 causas perdidas, como la de la liberación argelina, en particular de las mujeres argelinas maltratadas por el ejército francés.

El testigo es aquí de peso, pues se trata de la intachable abogada, feminista y política de origen tunecino Gisèle Halimi, que fundó con De Beauvoir el movimiento feminista Choisir (Elegir) y con quien defendió, entre otros, el derecho al aborto.

Poco importa, lo fundamental es la obra, mantienen algunos autores, para quienes lo de menos es también la agitada vida amorosa de Simone de Beauvoir, quien en 1943 fue expulsada de la Educación Nacional tras ser denunciada por la madre de una de las numerosas alumnas a las que sedujo desde su cátedra.

En cualquier caso, la precoz e inteligentísima Simone de Beauvoir, será siempre una mujer que intentó romper, con mayor o menor éxito, el molde social de la burguesía desheredada en la que nació, por lo que es todavía hoy "vaca sagrada" y fuente de inspiración de ciertos feminismos.

No de todos, pues algunas camaradas de lucha critican el "pensamiento liberal-libertino" de la "grand sartreuse", así como la rudeza de su discurso contra la maternidad, y, curiosamente, contra las lesbianas, además de temer que su objetivo fuese hacer de la mujer "un hombre como cualquier otro".

viernes, 11 de enero de 2008

- CIBERBORGES -




Borges, de moda en la Web


Libros y artículos aparecidos en los últimos tiempos coinciden en afirmar que el autor argentino fue un visionario de Internet


NUEVA YORK.– «Borges 2.0: del texto a los mundos virtuales» es el título de un libro de reciente aparición en los Estados Unidos. «Borges y el futuro previsible» era el título de un extenso artículo sobre lo mismo, aparecido el pasado domingo en The New York Times. De un momento a otro se espera que salga también una colección de ensayos que la Bucknell University Press ha compilado bajo el sugestivo título de «Cy-Borges». Todos dicen lo mismo: el escritor argentino Jorge Luis Borges fue un visionario de internet. Sus obras prefiguran la realidad virtual total, las bibliotecas universales, la lectura infinita e infinitamente personalizada...



Ecos de Umberto Eco





Esta aproximación a Borges no es nueva. La han sostenido ya en el pasado intelectuales como Umberto Eco. La insistencia con que el argentino recrea un mundo, más que conocido, devorado por el conocimiento, donde los libros atrapan a sus lectores incluso físicamente, donde se cruzan sin cesar infinidad de datos y donde el saber parece tener vida propia, al margen de los sabios, despierta inmediatas asociaciones con la ciberrealidad actual.

Perla Sassón-Henry es hispanista, es profesora en la Academia Naval de los Estados Unidos. La misma Perla Sassón-Henry es también la autora de «Borges 2.0: del texto a los mundos virtuales». Los dígitos del título son un guiño a la wikipedia, que Sassón-Henry también ve anunciada en varias obras de Borges.

Entonces, la principal aportación del libro no consiste tanto en la novedad estricta como en la frescura práctica, en la inmediatez con que se aborda el concepto. Borges sería el precursor de una nueva hornada de ciberlectores que ya no se conformarían con leer pasivamente, sino que quieren sentirse parte del libro.

En las formas, Borges fue de todo menos futurista. Sus relatos rehúyen casi con horror las asperezas de la cotidianeidad para refugiarse en estilizados escenarios antiguos, casi siempre pretecnológicos. Lo cual no obsta para que en el sótano de una casa de Buenos Aires pueda surgir una especie de webcam universal, de ojo omnímodo, como es «El Aleph».

Sassón-Henry describe al taciturno genio argentino, al que en vida nadie consideró moderno -le regatearon innoblemente el Premio Nobel por su supuesta condición de retrógrado- como «un hombre del viejo mundo con una visión futurista». De su mano puede cualquier lector sentirse más «activo», que con muchos otros escritores, sostiene la hispanista.





A todo lo anterior hay que añadir que el sello editorial norteamericano New Directions ha reeditado «Labyrinths», una antología en inglés de Borges que hacía cuarenta años que no se editaba. El original llevaba un prólogo del miembro de la Academia francesa André Maurois. El prólogo de la reedición de ahora lo ha escrito nada menos que William Gibson, considerado el precursor de la novela ciberpunk. También se atribuye a él la popularización de términos como «ciberespacio». ¿A la vejez, o incluso más allá, viruelas? ¿Va a resultar que Borges no conectó -o no se le permitió conectar- con el populacho de su propio tiempo, y vuelve después de muerto para ser autor de culto de la cibervanguardia?

Sin duda su cultivo del relato breve le hace entrar más fácilmente por muchos ojos minimalistas. Pero lo breve no siempre es fácil. Más bien al contrario, Borges no ha sido una lectura simple ni cuando el esfuerzo de leer estaba mucho más de moda.

Su larga andadura como bibliotecario, y el saber desde joven que estaba destinado a la ceguera, hizo que Borges desarrollara una relación física muy particular con los libros. The New York Times citaba este domingo, con admiración sobrecogida, la célebre cita del autor en que ensalza la ironía de Dios, que pone a un tiempo tantos libros a su alcance, y le ciega para leerlos.

Menos látex, más cerebro





Lo que tanto admira a la ciberpoblación de Borges puede ser entonces no tanto un alarde de su considerable inteligencia -o no sólo- como de su no menos considerable sufrimiento. Condenado a no ver como Beethoven a no oír, el genio se refugia en su memoria, constantemente citada, entreverada y retroalimentada.

Crea en la práctica su propia web, su propia red, para que la literatura no se le escape como un pez vivo entre las manos. Funda un mundo virtual más titánico aún, más ambicioso, que el real. ¿Cómo The Matrix? Sí, pero con menos látex y muchísimo más cerebro.

Cuesta imaginarse cómo reaccionaría Borges de levantar ahora la cabeza para «verse» haciendo surf en la cresta de la ola internauta, en la que algunos creen ver el principio del fin del libro.

Proyectos como las bibliotecas virtuales de Google, la aparición de artefactos como el «Kindle», que pretende ser el «ipod» de los libros, ¿le parecerían el colmo de sus sueños o de sus pesadillas? ¿Vería en ellos los perfiles de su inmortal libro de arena y su biblioteca de Babel, o una apoteosis de lo insustancial, lo inconexo y lo inesforzado, digno de ser barrido de la faz bibliófila de la Tierra, como los mercaderes del templo?

Ciberprofecías de un tiempo a. d. Wikipedia





NUEVA YORK. «¿Quiénes inventaron a Tlön? El plural es inevitable, porque la hipótesis de un solo inventor -de un infinito Leibniz obrando en la tiniebla y en la modestia- ha sido descartada unánimemente. Se conjetura que este brave new world es obra de una sociedad secreta de astrónomos, de biólogos, de ingenieros, de metafísicos, de poetas, de químicos, de algebristas, de moralistas, de pintores, de geómetras... dirigidos por un oscuro hombre de genio. Abundan individuos que dominan esas disciplinas diversas, pero no los capaces de invención y menos los capaces de subordinar la invención a un riguroso plan sistemático. Ese plan es tan vasto que la contribución de cada escritor es infinitesimal».

Este fragmento de «Tlön, Uqbar, Orbis Tertius» aparece citado en la edición del pasado 6 de enero de «The New York Times» como una irrefutable ciberprofecía de Jorge Luis Borges: lo consideran poco menos que la anunciación de la wikipedia.

Funes, el «blogger» memorioso

También creen ver profetizada la blogosfera en este otro fragmento de «Funes el Memorioso»: «Dos o tres veces había reconstruido un día entero; no había dudado nunca, pero cada reconstrucción había requerido un día entero. Me dijo: Más recuerdos tengo yo solo que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo. Y también: Mis sueños son como la vigilia de ustedes. Y también, hacia el alba: Mi memoria, señor, es como vaciadero de basuras».

Por fin se remiten a «La biblioteca de Babel»: «De esas premisas incontrovertibles dedujo que la Biblioteca es total (...) o sea, todo lo que es dable expresar: en todos los idiomas (...) Cuando se proclamó que la Biblioteca abarcaba todos los libros, la primera impresión fue de extravagante felicidad. Todos los hombres se sintieron señores de un tesoro intacto y secreto. No había problema personal o mundial cuya elocuente solución no existiera...»

Se comprende el embeleso que estos destellos del genio del argentino han suscitado en sus nuevos «ciberlectores» norteamericanos. Y sin embargo Borges sigue siendo mucho más visionario y más sutil que los que ahora le consideran la deidad tutelar de los internautas.

Baste esta última cita, que es nuestra y no de «The New York Times». Es de «El libro de arena», un relato cuyo protagonista recibe la prodigiosa posesión de un libro infinito, que se deshace y rehace continuamente antes y después de leerlo. Es imposible encontrar tanto la primera como la última página. Las ilustraciones desaparecen solas después de vistas:






«Me quedaban unos amigos: dejé de verlos. Prisionero del Libro, casi no me asomaba a la calle (...) Declinaba el verano y comprendí que el libro era monstruoso. De nada me sirvió considerar que no menos monstruoso era yo, que lo percibía con ojos y lo palpaba con diez dedos con uñas (...) Recordé haber leído que el mejor lugar para ocultar una hoja es un bosque. Antes de jubilarme trabajaba en la Biblioteca Nacional, que guarda novecientos mil libros; sé que a mano derecha del vestíbulo una escalera curva se hunde en el sótano, donde están los periódicos y los mapas. Aproveché un descuido de los empleados para perder el Libro de Arena en uno de los húmedos anaqueles. Traté de no fijarme a qué altura ni a qué distancia de la puerta. Siento un poco de alivio, pero no quiero ni pasar por la calle México».

Anna Grau
ABC

jueves, 10 de enero de 2008

- GONZALEZ TUÑON -



Raúl González Tuñón


Raúl González Tuñón nació en Buenos Aires, un 29 de marzo de 1905. Fue un importante poeta argentino.

Participó de la vanguardia literaria argentina de los años 1920 y viajó luego a Europa. Vivió en París y en Madrid, ciudades en las que hizo amistad con poetas como Robert Desnós, César Vallejo, Rafael Alberti, Miguel Hernández, Federico García Lorca y Pablo Neruda.





Su obra se inicia con "El violín del diablo", que publicó en Buenos Aires en 1926, a los 21 años. En esa época, colaboró con la revista Martín Fierro, en la que también escribieron Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo, Francisco Luis Bernárdez, Leopoldo Marechal, Macedonio Fernández y Eduardo González Lanuza, entre otros.

La revista solía polemizar burlonamente con el llamado Grupo de Boedo, que agrupaba a los escritores identificados con la literatura social, quienes a su vez denominaban a sus colegas de "Martín Fierro" como el "Grupo de Florida". Siendo Boedo un barrio entonces proletario y Florida la calle elegante de esa época, los polos de la polémica eran más políticos que literarios. González Tuñón mantuvo relaciones cordiales también con el Grupo de Boedo, especialmente con el poeta Nicolás Olivari.





En 1928, y poco antes de embarcarse rumbo a Europa, González Tuñón publicó "Miércoles de ceniza". Ya en París, escribió uno de los libros considerados fundamentales en su obra: "La calle del agujero en la media", publicado en 1930.

Poco más tarde, en 1936, publica otro de sus libros claves, "La rosa blindada", inspirado en un levantamiento minero en la provincia española de Asturias.
Afiliado al Partido Comunista de la Argentina, Tuñón mantuvo siempre una relación de prudente distancia, no pocas veces tensa, con las estructuras partidarias.





Entre sus poemas que aludían a viajes, barrios de París y de Buenos Aires, pueblos de la Cordillera de los Andes o de la Patagonia, personajes de circo, lugares lejanos, tugurios extraños, marineros, hampones o contrabandistas, distinguió los que llamaba "poemas civiles", referidos a acontecimientos políticos y sociales.

Entre sus libros se cuentan: "El otro lado de la estrella"; "Todos bailan"; "Poemas de Juancito Caminador" (ambos en 1934); "Primer canto argentino" (1945); "Todos los hombres del mundo son hermanos" (1954); "A la sombra de los barrios amados" (1957); "Demanda contra el olvido" (1963), "El rumbo de las islas perdidas" (1969) y "La veleta y la antena" (1971).





Juancito Caminador, un personaje inspirado en un artista de circo y en una marca de whisky (Johnny Walker) se convirtió en un alter ego literario del autor.
González Tuñón fue también periodista. Trabajó en el diario "Crítica", un vespertino de los años '20 y '30, de marcado tinte sensacionalista, pero que reclutó a notables escritores de la época (entre ellos Borges y Roberto Arlt), y en el diario "Clarín", donde escribió crítica de artes plásticas y crónicas de viajes.

Influyó decisivamente en la cultura argentina de los años '50 y '60 y es considerado uno de los fundadores de una corriente moderna de poesía urbana. Póstumamente se han publicado "El banco en la plaza" y "Los melancólicos canales del tiempo".

Falleció en su ciudad, un 14 de agosto de 1974.

miércoles, 9 de enero de 2008

- MARIANO MORES -



UN SEÑOR DEL TANGO


MAESTRO MARIANO MORES



Es sin duda alguna un artista exitoso, y esto nunca estuvo en discusión. Su arte transitó cómodamente por todos los medios de difusión existentes: discos, radio, teatro, televisión y el cine. Es una suerte de precer vivo de nuestro cancionero clásico popular.

Su popularidad se extendió por todo el país y en el exterior, tuvo siempre su público. Un público que buscaba un espectáculo con características de "music-hall". Una orquesta numerosa y estridente, con cantores que se brindaban a todo pulmón, bailarines, juegos de luces, algún coro y su director, hiperquinético, ora con sus dos manos sobre el teclado, ora con una sola y dirigiendo con la otra, ora alejándose del instrumento y utilizando ambas manos para conducir la orquesta. Todo al servicio del espectáculo.

Pero paradójicamente, esta receta popular y exitosa de Mariano Mores, utilizada a lo largo de su extensa trayectoria, fue ,al mismo tiempo, el motivo por el cual muchos gustadores del tango no lo aceptaran y lo criticaran por su estilo y "vedetismo".





Mariano Mores: un músico argentino especializado en tango.

Nació con el nombre de Mariano Martínez en el barrio San Telmo (en Buenos Aires) el 18 de febrero de 1918. Estudió en el conservatorio D’Andrea en Lanús Oeste. Hizo el Profesorado de Música Clásica en sólo tres años; a los catorce años ya trabajaba en el café Vicente de la calle Corrientes. Fue acompañante en el conjunto criollo La Cuyanita y por un tiempo fue pianista del tanguero Roberto Firpo.

Martínez estrenó sus primeras composiciones en el Trío Mores, que integraba junto a las hermanas Margot y Myrna Mores. Se casaría con Myrna y adoptaría el apellido Mores como nombre artístico

En efecto, el tanguero admirador de Troilo, Pugliese, Fresedo o del mismo D'Arienzo, nunca aceptó ese estilo, ni siquiera se prestó a su discusión. Era otra cosa. A Mores no se lo puede escuchar con unción, con Mores no se puede bailar, poco importaba quienes eran los cantores, era, en realidad, una orquesta para el teatro y para la televisión. Una orquesta para el espectáculo.





Lo que nadie puede negar de este músico es su talento como compositor. Como alguien dijo: "Lleva la melodía en su cabeza".

En 1938 compuso varias obras para la película Senderos de fe, que no tuvo éxito, pero que le dio la oportunidad de conocer gente del ambiente, por ejemplo Roberto Sciammarella y Alberto Vaccarezza. Fue piano solista en la orquesta de Francisco Canaro entre 1939 y 1948; formó su propio grupo y ese mismo año debutó en la sala del Teatro Presidente Alvear, dirigiendo una gran orquesta.

Aunque poco reconocido, es un gran pianista, pero nuevamente su estilo lo traiciona y perjudica, sus poses y sus muecas al ejecutar el instrumento, le quitan seriedad.





No obstante, hace gala de un molde artístico donde se conjugan en exhuberantes dosis, el desenfado, la simpatía, la viveza comercial y el talento, con que el destino favorece a unos pocos. Hoy se lo reconoce como un ídolo popular que representa una parte esencial de la historia del tango.

Era el año 1936, yo tenía catorce años,y un día viajaba en tranvía por la calle Corrientes". Frente al café "Germinal" estaba el bar "Vicente", en cuya puerta había un cartel solicitando un pianista que tocara música internacional, leyera a primera vista y también transportara. Fui, me tomaron una prueba y quedé, a tres pesos con cincuenta por día. En seguida entré a estudiar en la academía que dirigía Luis Rubistein y nos hicimos amigos. Allí iban a vocalizar las principales figuras de la canción y muchos otros recién iniciados. Conocí a Rodolfo Sciammarella, que me pidió que le pasara al pentagrama las notas que se le ocurrían. Tenía buen oído, era un buen letrista, pero no sabía escribir música. De esta relación nació "Salud, dinero y amor", que originalmente era una zamba y yo la convertí en vals. Fue un gran éxito.






Al poco tiempo, el director de la academia lo nombra profesor y en ese estado conoce a Margot y Mirna Moragues, de quien se enamoró. Entonces el novel profesor se integra al dúo que ellas formaban, "Las Hermanas Mores", transformándolo en el "Trío Mores". Actuaron en radio y diferentes escenarios, hasta que el pianista se integra a la orquesta del gran Francisco Canaro.

Poco antes, había hecho unos arreglos musicales para unos japoneses, música popular de ellos en tiempo de tango. Me pagaron cinco mil dólares, una fortuna. Me compré siete trajes de los mejores, siete camisas y siete de todo. Así, hecho un "dandy", bajaba del tranvía en Callao y Corrientes y por esta, iba caminando hasta Florida, por la vereda de los números impares y volvía por la de los pares, haciendo pinta. La gente empezaba a preguntarse: "¿quién es ese cajetilla?". Un día me vio Ivo Pelay y me dijo: "Vos sí que sos un buen vendedor de imagen. No cambies nunca".

Canaro fue un padre para él, a quien llegó de la mano de Rodolfo Sciammarella, que lo presentó a Ivo Pelay, socio del director. En su formación debutó en el año 1939 en el Teatro Nacional de la calle Corrientes y se desvincula en el año 1948.

Con Luis Rubistein hizo, en 1938, el tango "No quiero" y al año siguiente su primer gran éxito: "Cuartito azul", y al respecto nos dice: «... en realidad era un arreglo para "La cumparsita", una introducción, pero cuando la escuchó Mario Battistella me dijo que allí había un tango. Le puse ese título por una piecita que alquilaba en la calle Serrano 2410 (barrio de Palermo), para vivir cerca de mi novia. Un día se me ocurrió pintarlo disolviendo pastillas de un blanqueador para ropa que venía en cubitos de color azul. La letra fue escrita por Battistella sobre la música. Casi siempre compuse así. Primero la música, aunque hubo excepciones.»

La primera colaboración para el cine fue hacer la música de "Senderos de fe", con Amanda Ledesma, Juan Carlos Thorry y Pedro Maratea. Se estrenó el 26 de octubre de 1938, «... no resultó, y los temas compuestos los pasé al olvido».

Actuó como galán y fue autor de la música del film "Corrientes calle de ensueño", en el año 1939. También en "La doctora quiere tangos", con la actriz Mirta Legrand, en el mismo año. Y finalmente en "La voz de mi ciudad", con Diana Maggi, en 1953.

Mi tango más popular es "Adiós Pampa mía", un homenaje al folklore de la llanura, un tango con ritmo de pericón y estilo. Mi mayor desilusión fue "Por qué la quise tanto", quise que la estrenara Hugo del Carril y no pudo ser. Después fue éxito con Miguel Montero.

Es, a nuestro entender, lo mejor de su música los tangos que compuso con Enrique Santos Discépolo: "Cafetín de Buenos Aires" y "Uno". "Cuando Enrique me conoció me dijo: "Pibe, no escribo más música, para eso estas vos". Para entregarme la letra de "Uno", estuvo tres años, yo ya me había olvidado del tema."

Manzi fue un gran poeta, era muy amigo de Troilo y trabaja con él. Ya enfermo lo fui a visitar un día y estaba en la cama. Me dijo: «¡Qué poco hice con vos! Me voy a morir y me voy a quedar con las ganas. No tengo consuelo». Entonces le empecé a tararear una música que tenía, una especie de tango-malambo, y de inmediato empezó a decir: "La voz... triste y sentida, de tu canción... una lágrima tuya...", así nació un nuevo éxito "Una lágrima tuya".

Pero ha logrado sus más grandes éxitos con su orquesta de corte sinfónico, en la que predomina el piano y con ella ha viajado por el mundo.



Algunas obras destacadas:






Cuartito azul , con Mario Battistella, su primer tango, estrenado en 1939
En esta tarde gris ( 1941)
Tu piel de jazmín (1941)
Grisel (1942)
Uno (1943), con letra de Enrique Santos Discépolo
Cada vez que me recuerdes (1944)
Cristal (1944), con Enrique Cadícamo
Copas, amigos y besos (1944)
A quién le puede importar (1945)
Adiós, pampa mía (1945)
Sin palabras (1946), con Enrique Santos Discépolo
Cafetín de Buenos Aires (1948) con José María Contursi
Una lágrima tuya (1949), con Homero Manzi
El patio de la morocha (1951)
Taquito militar (1952)
La calesita (1953), con Cátulo Castillo
El firulete (1958)
Por qué la quise tanto (1961)
Frente al mar


A días de cumplir sus jóvenes noventa años, vaya nuestro reconocimiento a su extensa e intensa trayectoria.

Ricardo A. Carrasquet

martes, 8 de enero de 2008

- CULTURA MEDIATICA -




Medios Escritos

La competencia por el liderazgo cultural


Qué proponen, a qué lectores se dirigen, cómo los seducen. Hablan los editores de los suplementos más importantes del país.



En una época en que la prensa escrita parece competir más con la televisión que consigo misma, resulta curioso que los suplementos culturales de los diarios –representantes en gran medida de la cultura libresca– se vean revitalizados por la aparición de nuevas opciones que los incitan a la competencia o, por lo menos, a intensificar sus características diferenciales.

Hace cuatro años nacía Ñ, el suplemento de Clarín que prometía la difusión masiva de temas no tan masivos. El desafío era doble. Por un lado, superaba su propia apuesta al editar una revista cultural que se vendía de manera independiente del diario. Por el otro, debía competir con un suplemento ya instalado y con personalidad propia, como Radar (de Página /12) que por ese entonces ya había cumplido su sexto aniversario.

Dos años atrás, el suplemento del diario Perfil aparecía como una apuesta cultural en la que lo generacional tenía un peso importante: le otorgaba un protagonismo casi absoluto a los más jóvenes, tanto escritores como periodistas. Hace sólo cuatro meses, el diario La Nación salió al ruedo cultural con Adn, un suplemento que, desde antes de su aparición, parecía destinado a posicionarse como el mayor competidor de Ñ y cuyo lanzamiento generó inusitadas expectativas. ¿Las nuevas publicaciones influyen de alguna manera en los suplementos que ya han conquistado un espacio propio o la oferta cultural se rige por leyes diferentes que hacen que tales suplementos logren consolidarse a fuerza de mantener un perfil definido, un carácter insular remiso a la competencia?

Lo que resulta evidente es que es difícil concebir un diario que no tenga un suplemento cultural con peso propio. La personalidad de este tipo de publicación se forja a partir de un sutil –o no tan sutil– sistema de inclusiones y exclusiones, de adhesiones y rechazos a determinadas estéticas, de preferencias y acuerdos y desacuerdos literarios, de concepciones diferentes de la cultura misma.





El capital simbólico. Para Maximiliano Tomas, que está al frente del suplemento cultural del diario Perfil, la aparición de Adn generó una “guerra increíble, maravillosa”. La característica distintiva de esta “guerra” es para Tomas el hecho de que no se compite por bienes materiales, sino por “un capital simbólico como es la cultura”. “Evidentemente –afirma–, hay un valor intangible que para los editores aún sigue siendo muy importante”.

El caso de Ñ parece confirmarlo. Clarín lideraba el mercado desde mucho antes que el suplemento cultural adquiriera la forma independiente que hoy tiene. ¿Qué aportaba en su caso este “capital simbólico”? “Los suplementos o secciones culturales en un diario –contesta Juan Bedoian, editor general de Ñ– son fundamentales no sólo porque dan cuenta de la creación artística y de lo que pasa en el mundo de las ideas (sin esas dos cosas este mundo sería más intolerable), sino porque lo que llamamos cultura nos ayuda a explicar hacia dónde va el mundo, hacia dónde vamos nosotros, dónde estamos parados en este mundo convulsionado”.

Según afirma, la aparición de Adn no lo obligó a modificaciones ni a replanteos. Cuando se le pregunta si piensa en la competencia a la hora de diseñar una tapa, responde: “Casi nunca. La premisa es hacer la mejor tapa posible con el tema que nos parece más atractivo, más interesante. No pensamos en cómo lo harán los otros”.
Para Jorge Fernández Díaz, el hecho de que La Nación tenga un suplemento cultural como Adn es la consecuencia natural de la relación que el diario mantuvo siempre con la cultura. “Fue central desde su nacimiento –asegura–. Su fundador fue un escritor. Por sus páginas desfilaron Borges, Ortega y Gasset... es decir, la cultura es el corazón del diario. Esto se verifica más allá del suplemento, en la revista, en las notas”.

Juan Ignacio Boido, responsable de Radar, asegura que para un diario resulta fundamental un suplemento “porque es importante para sus lectores. El arte es vital para muchos. Y la cultura, un lugar en el que se manifiestan, de una manera u otra, prácticamente todas las matrices que conforman una sociedad”.

Según Umberto Eco, el desarrollo de los medios masivos de comunicación ha resignificado la función de los diarios. “Un periódico –asegura– sirve para empaquetar los hechos con opiniones”. Satisfecha la instancia de la información, es preciso que dicha información sea leída y articulada, que se le confieran sentidos a través de la opinión. Y el campo cultural es el campo de la opinión por antonomasia. Quizás esta sea una de las causas por las que los suplementos culturales tienen un renovado protagonismo.

Los suplementos y sus lectores. Dentro del campo cultural, como en muchos otros, suelen librarse batallas a diario. Se escribe “para” alguien y suele escribirse también “contra” alguien o algo, ya se trate de una institución, un autor, una idea. Las características de una publicación cultural se definen tanto por el público al que va dirigida como por aquello contra lo que se subleva: populismo, elitismo, instituciones académicas, modelos literarios.





Para Boido, la característica principal del suplemento que edita es que “desde su tapa, hasta su diseño y contenido presenta una posición ética y estética ante hechos, objetos, obras artísticas y culturales, atento a las formas nuevas en que estos se manifiestan”. Cuando se le pregunta cómo se posiciona Radar respecto de otros suplementos, es terminante: “El suplemento no se posiciona. Ofrece 32 páginas de lo que considera interesante, dentro de un espectro amplio que va de la música a la literatura, pasando por la plástica, el cine, la radio, el teatro, la televisión, las tendencias, las nuevas tecnologías, la ciencia, la historia, la sociología, entre otras disciplinas. Cada una de las notas intenta satisfacer, en sus diferentes niveles, tanto al especialista en la materia como al neófito”. Su público lector es aquel para quien la cultura y el arte forman parte de su vida cotidiana aunque no tenga una ocupación artística.

Bedoian afirma que Ñ es un suplemento netamente “periodístico porque respeta las reglas del mejor periodismo, es decir: la claridad, la investigación, la mirada crítica”. También afirma que posee una mirada amplia, lo que significa que no está dirigido “a la Academia ni a grupúsculos”. Entre sus objetivos, figura “promover el debate” y tiene una “concepción amplia de la cultura que no se remite sólo a las artes o las letras, sino a esos fenómenos y tendencias que definen a una comunidad, una forma de pensar y de mirar el mundo”. Características adicionales: “Gran variedad temática, diseño claro y de fácil entrada”. Cuando se le pregunta en qué medida la agenda de las editoriales marca los contenidos del suplemento, contesta: “Ñ tiene una sección de literatura y libros de por lo menos siete páginas. Las novedades de las editoriales cuentan allí con presencia como en otras secciones del diario. Pero de ninguna manera se puede decir que eso marca nuestra agenda. Las tapas de Ñ y la mayoría de sus contenidos exceden largamente esa supuesta imposición”.

Tomas se queja, en cambio, de que “hay una inercia en el mercado de los suplementos y un pacto de cordialidad que empuja el foco editorial hacia una corrección política de la que hay que tratar de escapar como de la peste”. Por eso su objetivo es hacer “un suplemento pluralista que intente quebrar el sentido común, que trate de instalar polémicas y, sobre todo, de no responder a ninguna agenda creada externamente, sino a la agenda propia”. Esto significa “no responder a las demandas del mercado ni de los sellos”, sino “tener una lectura diferente del campo cultural a través del foco editorial, de los columnistas y de los colaboradores”. Esta lectura diferente consiste para Tomas en una actitud crítica y reflexiva sobre cualquier fenómeno, desde la aparición de un libro hasta la consagración de un autor. Otra característica distintiva del suplemento del diario Perfil: allí tienen lugar colaboradores, periodistas y escritores jóvenes, menores de 40 años. Según Tomas, el suplemento se ha instalado rápidamente en el mercado “como un sitio donde se hace verdadero periodismo independiente porque no hay pacto establecido con nadie y porque escapa de una manera fóbica de los lugares comunes, del sentido común y de la demagogia y el populismo que se puede apreciar en otros suplementos culturales”. El lector de dicho suplemento es joven “o transgeneracional, pero siempre especializado. El suplemento no dispara con perdigones, sino que trata de llegar al lector al que le gustan las polémicas, que maneja las nuevas tecnologías, el mundo de los blogs, el mundo virtual”.

Fernández Díaz muestra una visión diferente. No quiere hacer un suplemento para especialistas porque el mundo académico está lleno de textos superespecializados. “Muchos intelectuales argentinos –afirma– creen que hay que ser parricida, matar al que vino antes. Yo no quiero que matemos a nuestros padres, sino continuar una tradición. Les dejo ese veneno a los blogs. Todas las supuestas polémicas culturales me parecen de una pequeñez increíble y trato de no subirme a esas discusiones. Los blogs y todo eso me parecen cosas menores”.

Destinados a un lector común, con cierto entrenamiento en la lectura o superespecializado, los suplementos dan cuenta de un fenómeno saludable: todavía sigue habiendo lectores.

Nota: Mónica López Ocón
Revista Noticias
Fotos: Cedoc